Los subtemas del Mensaje de la Paz 2013 del Papa Benedicto XVI son siete y se sostienen por sí mismos. Vi la necesidad y la importancia de difundir íntegro dicho Mensaje. Lo hemos dado a conocer en tres entregas. Esta es la tercera y última. El título o tema general era una de las ocho Bienaventuranzas de Jesús, contenidas en Mateo 5, 1-13, concretamente la número siete, a saber la que reza así: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 9).
Precisamente el sentido etimológico de “pacífico” es ése: “el del que trabaja por la paz”, aunque normalmente se le defina como aquel que “es tranquilo, sosegado, que no provoca luchas ni discordias” (Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia).
Así, en su significado completo y profundo, “pacífico” es “el tranquilo, sosegado, que no provoca luchas ni discordias y trabaja por la paz”.
Esta última parte de la definición anterior es la que acentúa tanto el Mensaje de Jesús como del Papa, por tanto. De ahí que con frecuencia la Bienaventuranza, a la que nos referimos, es traducida, también “Bienaventurados los pacíficos”, denotando la dimensión proactiva de estos en la construción de la paz.
En el Mensaje concreto de este 2013 sobre la paz, Benedicto XVI toca, al menos, estos diez tópicos explícitos, relaconados con dicho tema: la globalización, la paz, don de Dios, obra del hombre, la defensa de la vida, desarrollo, economía, la educación, la cultura, la familia y una pedagogía por la paz.
Los siete subtemas o títulos de su Mensaje íntegro son los siguientes:
1. El porqué del tema escogido para el 2013.
2. La bienaventuranza evangélica.
3. La paz, don de Dios y obra del hombre.
Estos tres los publicamos en la primera entrega
4. Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden y promueven la vida en su integridad.
5. Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía.
Estos dos los dimos en la segunda entrega
6. La educación a una cultura de la paz: Las familias y las instituciones.
7. Una pedagogía del que trabaja por la paz.
Estos dos, pues, serán los últimos. Helos aquí:
6. La educación a una cultura de paz: Las familias y las instituciones.
Deseo reiterar con fuerza que todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea.
Ninguno puede ignorar o minimizar el papel decisivo de la familia, célula base de la sociedad desde el punto de vista demográfico, ético, pedagógico, económico y político. Ésta tiene como vocación natural promover la vida: acompaña a las personas en su crecimiento y las anima a potenciarse mutuamente mediante el cuidado recíproco. En concreto, la familia cristiana lleva consigo el germen del proyecto de educación de las personas según la medida del amor divino. La familia es uno de los sujetos sociales indispensables en la realización de una cultura de la paz. Es necesario tutelar el derecho de los padres y su papel primario en la educación de los hijos, en primer lugar en el ámbito moral y religioso. En la familia nacen y crecen los que trabajan por la paz, los futuros promotores de una cultura de la vida y del amor.
En esta inmensa tarea de educación a la paz están implicadas en particular las comunidades religiosas. La Iglesia se siente partícipe en esta gran responsabilidad a través de la nueva evangelización, que tiene como pilares la conversión a la verdad y al amor de Cristo y, consecuentemente, un nuevo nacimiento espiritual y moral de las personas y las sociedades. El encuentro con Jesucristo plasma a los que trabajan por la paz, comprometiéndoles en la comunión y la superación de la injusticia.
Las instituciones culturales, escolares y universitarias desempeñan una misión especial en relación con la paz. A ellas se les pide una contribución significativa no sólo en la formación de nuevas generaciones de líderes, sino también en la renovación de las instituciones públicas, nacionales e internacionales. También pueden contribuir a una reflexión científica que asiente las actividades económicas y financieras en un sólido fundamento antropológico y ético. El mundo actual, particularmente el político, necesita del soporte de un pensamiento nuevo, de una nueva síntesis cultural, para superar tecnicismos y armonizar las múltiples tendencias políticas con vistas al bien común. Éste, considerado como un conjunto de relaciones interpersonales e institucionales positivas al servicio del crecimiento integral de los individuos y los grupos, es la base de cualquier educación a la auténtica paz.
7. Una pedagogía del que trabaja por la paz.
Como conclusión, aparece la necesidad de proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados. En efecto, las iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella.
Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que « hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar» de modo que los errores y las ofensas puedan ser en verdad reconocidos para avanzar juntos hacia la reconciliación. Esto supone la difusión de una pedagogía del perdón. El mal, en efecto, se vence con el bien, y la justicia se busca imitando a Dios Padre que ama a todos sus hijos (cf. Mt 5,21-48). Es un trabajo lento, porque supone una evolución espiritual, una educación a los más altos valores, una visión nueva de la historia humana. Es necesario renunciar a la falsa paz que prometen los ídolos de este mundo y a los peligros que la acompañan; a esta falsa paz que hace las conciencias cada vez más insensibles, que lleva a encerrarse en uno mismo, a una existencia atrofiada, vivida en la indiferencia. Por el contrario, la pedagogía de la paz implica acción, compasión, solidaridad, valentía y perseverancia.
Jesús encarna el conjunto de estas actitudes en su existencia, hasta el don total de sí mismo, hasta « perder la vida » (cf. Mt 10,39; Lc 17,33; Jn 12,35).
Promete a sus discípulos que, antes o después, harán el extraordinario descubrimiento del que hemos hablado al inicio, es decir, que en el mundo está Dios, el Dios de Jesús, completamente solidario con los hombres. En este contexto, quisiera recordar la oración con la que se pide a Dios que nos haga instrumentos de su paz, para llevar su amor donde hubiese odio, su perdón donde hubiese ofensa, la verdadera fe donde hubiese duda. Por nuestra parte, junto al beato Juan XXIII, pidamos a Dios que ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que se esfuerzan por el justo bienestar de sus ciudadanos, aseguren y defiendan el don hermosísimo de la paz; que encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz.
Con esta invocación, pido que todos sean verdaderos trabajadores y constructores de paz, de modo que la ciudad del hombre crezca en fraterna concordia, en prosperidad y paz.
CONCLUSIÓN:
CERTIFICO: que en esta tercera entrega del Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz para 2013, titulado “Bienaventurados los que trabajan por la paz”, he citado literalmente los últimos dos párrafos.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 10 días del mes de enero del año del Señor dos mil trece (2013).






