sábado, 1 de diciembre de 2012

Más disturbios en Siria y sus vecinos



Si algo se puede garantizar, es que la desintegración de Siria continuará mucho más allá de sus fronteras. La mayoría de los analistas no creen que el presidente Bashar al-Assad pueda aguantar un año más. Las fuerzas armadas sirias están sobrecargados; gran parte del norte y el este del país están fuera del control del régimen, la economía atraviesa una situación desesperada, y la guerra se aproxima cada vez más al corazón de la capital. Además, el apoyo ruso a al-Assad, es cada vez más tibio.
En medio de la batalla, una crisis de refugiados de proporciones épicas amenaza con convertirse en una catástrofe mundial. La agencia de refugiados de Naciones Unidas dice que más de 4 millones de sirios están en extrema necesidad, la mayoría de ellos en campamentos en las fronteras de Siria, donde las tiendas soportan lluvias torrenciales.
Dentro de Siria, las enfermedades como la tuberculosis se están extendiendo, según las agencias de ayuda, y existe el peligro de que el hambre se convierta en desnutrición en lugares como Alepo.
La pregunta es si el conflicto culminará Trípoli, con Damasco invadida por las unidades rebeldes, o si una solución política que implique la salida de al-Assad se pueda encontrar y de paso a un gobierno de transición.
A falta de un avance poco probable que traería el régimen y sus opositores a una versión siria de los Acuerdos de Dayton con los que culminço la guerra de Bosnia, el mayor riesgo es que el régimen, desesperado, recurra a las armas químicas, a amigos problemáticos (Hezbollah en el Líbano y el kurdo PKK en Turquía) o que trate de exportar los disturbios en el Líbano, Irak y Jordania.